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jueves, 10 de noviembre de 2011

Épocas de quesos.

14 de Julio 604 esquina San Martín. Bajamos del colectivo y nos adentramos a la vieja casona de 1860 y de repente viajamos en el tiempo hacia épocas de arrieros que viajaban largos meses hacia el fuerte Independencia y hacían paradas en Posta del centro.
Cruzar el lumbral de la puerta es toda una experiencia inigualable, te invaden los olores a ahumados y especias de todo tipo. La vista se impacienta queriendo ver todo lo que nos rodea. Encontrando en cada rincón una nueva sorpresa.
Recorremos la primera sala leyendo cada frasquito, cada latita, descubriendo miles de cosas imaginándonos aquellas épocas lejanas… queriendo saber más, buscando en cada rincón un pedacito de historia.
Una pequeña escalera nos lleva al sótano donde viejas botellas, quesos, herramientas para el armado de los embutidos y otras joyas se encuentran arrumbadas como todo buen sótano.
Detrás nuestros, otros visitantes esperan su turno y por más que me quedaría horas mirando, retomamos y nos adentramos por la casa donde hoy funciona un restaurant donde uno puede saborear una picada u otros platillos. Nosotros ya tenemos planes para nuestro almuerzo así que nos dedicamos a observar y maravillarnos.
Viejos bancos de maderas y una larga mesa, iluminada por las velas y la luz del sol que entra por pequeñas ventanas en la pared de adobe que tienen más historias que contar que cualquiera de este lugar.
Pasamos de sala en sala y danza de las llamas nos atrae como Hechizandonos. Un pequeño de rincón con el fuego prendido en la parrilla junto a un horno de barro que invita a quedarse a tomar unos mates con a unas torta fritas en la calidez de un hogar.
En el patio externo nos esperaba otra joya un Ford se halla durmiendo su siesta final junto a una bicicleta estilo inglesa y juguetes de niños de siglos pasados entre otros tesoros que descansan bajo la pérgola cargadas de ramilletes de flores celestes que caen desde arriba como lluvia.

Como una burbuja detenida en el tiempo Épocas de quesos, nos sedujo hasta el último minuto para devolvernos nuevamente a la realidad con solo salir a la vereda.

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